El reloj corre no nos espera, ni siquiera nos deja buscar excusas, porque sabe no existen. Revolvemos en los rincones más extraños buscando la felicidad y sin embargo está tan expuesta, a tal punto que nos encandila con su luz. La felicidad está tan cerca, mas que nada a nuestro alcance, como lo está un orgasmo, pero no sabemos tomarlo y disfrutarlo. Y si seguimos con esta comparación podríamos decir que hay que estimular la felicidad, dejar que recorra cada rinconcito de nuestro ser y nutrirlo con ella. Respirar ondo y que llegue a las extremidades más lejanas, hasta explotar y convertirnos en amor.
Pero... algunos no creen que algo tan simple sea tan maravilloso. Es que, nunca se animaron a sentirlo.